Crítica por Maridel Cano
“Ante la obra de Gasparini, uno debe controlar el impulso irrefrenable de querer tocar, de querer abordar estas composiciones a través del tacto, pues la vista sola no es suficiente.
La materia prima que utiliza no son elementos pictóricos tradicionales ya que compone sus obras básicamente con papel reciclado, que enriquece al incorporar tejidos con motivos americanos, hilos, sogas, piedras, caracoles y ramas.
Gasparini supera ampliamente el desafío de convertir sus producciones, de artesanales a verdaderas obras artísticas.
Aborda el espacio con una variedad de texturas y relieves que dan como resultado composiciones que se mueven entre lo abstracto y lo figurativo. Su imagen es auto-referencial, cada elemento esta íntimamente ligado a ella y su mundo y a través de los símbolos que utiliza celebra la vida, hace un canto a la tierra, a sus legítimos dueños y a sus raíces. Se inspira fuertemente en la iconografía precolombina y la transforma de manera personal. Aplica una “paleta” reducida pero rica en matices de ocres y colores tierras que sugieren y evocan lugares, cosas y sobre todo, sentimientos tanto de nostalgia como de una esperanza arrolladora.
En sus últimas obras surgen las palabras como elemento plástico y comunicativo y se sirve de ellas para reforzar el carácter narrativo de sus composiciones.
Al contemplar la obra de Gasparini, usted sentirá que hay muchas cosas que todavía valen la pena enfrentar en cada uno de sus días.”
Gasparini…y, más allá. (Salón de Exposiciones León Gallardo, San Miguel sobre la muestra Diversidad, año 2011)
Entrar en el mundo personal, íntimo, de un ser, cualesquiera de aquellos que pasan cerca de tu vida, en cualquier instante, suele ser improbable, cuánto no imposible. Nadie abre su corazón y sus sentimientos, para exponerlo, al calor o a la mirada inquisitiva de los paseantes circunstanciales, que acuden: a veces, a un llamado y otras a la curiosidad de un acontecimiento social, cultural, popular, o porque estaba iluminado, nada más que iluminado. En el fondo, todos los seres somos, o solemos ser un simple “Bichito de luz”. Y así, como el bichito es atrapado por lo ígneo que genera aquella luz, somos atrapados cuando entramos a ese mundo que Livia Gasparini nos presenta, y nos muestra su propuesta?, sus logros?, su mirada de artista plástica?. O tal vez, la escenografía en donde transcurrió su vida, sus experiencias y sus propios e innegables sentimientos.
Es por supuesto una artista plástica de nuestro medio, que ya ha trascendido el entorno que suele ser rígido, de su propio pueblo, cuando hablamos de pueblo va mas allá de su propio Bella Vista, de nuestro San Miguel, su pueblo como en sus comienzos ha sido y es, General Sarmiento. Livia va mas allá de lo que suele ser, por caracteres, el artista plástico que se aferra a un estilo, a una escuela, a un Maestro, a una vivencia, ella, Livia, va más allá de lo abstracto de su “Marea Vertical”, en la cual deja que el viandante se soslaye con los colores y lo interprete en función de sus propios sentimientos, que tal vez son ajenos al del artista, o como en “Siempre sale el sol” y “Aguas Claras” donde se funden el collage, la artesanía y la plástica pura de los colores no diagramados. Pero a veces ella no espera que el observador haga su propia imaginación, saque sus propias conclusiones, no da espacio para ello, te lo da interpretado, te muestra sin anestesia sus sentimientos, sus apetencias, sus recuerdos, su lucha, su dolor y va exponiendo con crudeza, con sinceridad, demasiada tal vez, su visión enternecedora de su lucha interior.
En “La trama de tu corazón” no solo ha tejido su vida, sino que ha entretejido como una red en la que quiso atrapar sus propios simbolismos, ha robado de la vida, de la propia suya, urdiendo hilo por hilo cada expresión en ese corazón. En suma, es un corazón que nunca sufrirá de arteriosclerosis.
Marcos Cisneros (Diario El sembrador de ideas)
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